Desmontando a Facebook

Hola amigos!

Después de un consagrado silencio post-vacacional vuelvo a la carga con este blog mío del que sigo pensando que no es fruto de una buena idea. Pero como eso de tener buenas ideas tampoco es que se me dé bien, tendré que tirar adelante las malas. Y a ver qué pasa.

Pues como les decía, el motivo de que no me haya dejado caer por aquí en este último mes se debe a que he estado trabajando en una beca de investigación para la Universidad de Arkansas sobre el comportamiento de ciertos seres pixelados en su hábitat: el Facebook. ¿Qué? ¿Qué no os lo creéis?  Almas de poca fe… Pues sí, los motivos verdaderos son mucho más triviales, las personas cercanas ya lo saben, pero como decía un abuelo sabio: Quienes sólo saben contar la verdad no merecen ser escuchados.

La Universidad de Arkansas, que como todo el mundo sabe es famosa por sus estudios sobre el comportamiento de los mamíferos bípedos, se puso en contacto con una servidora para realizar un exhaustivo estudio que explicase los procesos neuronales que intervienen en las actitudes y comportamientos facebuquianos. En un principio pensé en rechazar la oferta dado que me faltan conocimientos científicos como para realizar tamaña proeza sin caer en conclusiones sesgadas y errores de principiante. Horas más tarde los llamé y  acepté el reto asegurándoles que no podía fracasar. Lo que no les dije es que uno sólo puede fracasar cuando pretende alcanzar el éxito. Y éste no era el caso.

Ese mismo día me puse manos a la obra. El primer ámbito que me llamó la atención fue el del número de amigos pixelados que tenían algunos seres. Así que cogí como muestra al señor A: 1450 amigos. Tuve que partir de una hipótesis doble: 1. El señor A es el tío más enrollado y con más vida social de su hábitat. 2. El señor A dedica un tiempo precioso de su vida a hacer amistad facebuquiana con cualquier ser que respire en algún momento de su vida a menos de 10 metros de él. Para comprobar si las hipótesis de las que partía eran ciertas decidí hacer una prueba. Ya saben que en esto de la investigación el trabajo de campo es imprescindible. Invité a cenar una noche al señor A y traje a algunas buenas amigas y a otras personas idiotas. Durante la cena, el señor A no hablaba mucho, pero entendí que quizás estaba un poco cortado al principio y que seguramente, en los postres, sacaría a la luz esa personalidad poderosamente social.  Mis amigas hacían algunas preguntas al señor A con la intención de hacerlo sentir menos desplazado en el grupo. Pero le sacaban poco más que monosílabos. Las idiotas hacían de las suyas ignorando completamente al señor A, mostrando una vez más, su nula capacidad empática. Cuando nos despedimos agradecí al señor A haber venido a la cena. Él contestó que lo había pasado muy bien y que le avisara a la próxima. Al día siguiente, abrí el Facebook y vi que el señor A había hecho amistad con las idiotas. Mis amigas habían declinado su invitación. Hipótesis 1 descartada.

La segunda cuestión que me pareció clave en esta cochambrosa investigación fue el tema fotos. En este hábitat la foto tiene un poder inigualable. Y no me refiero a fotos más o menos artísticas que personas aficionadas a la fotografía pueden mostrar en su muro, hablo de las fotos bucólicas o costumbristas. Recogí bastantes ejemplares para mi muestra y las clasifiqué de la siguiente forma. Fotos de tipo A: Persona en cuestión en un primer plano en  la que sale estupenda. En pocos minutos los me gusta se suceden a la par de los comentarios de “guapa” y derivados. Y lo que parece algo inocente y beneficioso para el particular, no deja de ser un error garrafal para su propia imagen. Al principio me surgieron varias hipótesis, pero todas iban cayendo por un principio básico: los seres pixelados no dejan de ser el reflejo de los bípedos, por lo que nunca dirán lo que piensan, o todo lo que piensan. Así que me quedé con una única hipótesis que explicase la respuesta ultrafan de la masa: 1. ¡Qué guapa está! No parece ella. Va, voy a ponerle un me gusta que de aquí a que le salga otra igual lloverá. Porque claro está, si la chica o el chico de  por sí ya son guapos, no les pone me gusta más que la familia y sus 4 amigos. Fotos de tipo 2: Fotos con  las amigas/amigos en la que tú sales estupendo aunque siempre hay algún pringado que sale con un ojo torcido o con cara de anormal. Pero se publica igualmente porque reza el principio por el que el fin justifica los medios, o dicho de modo más campechano, ande yo caliente… Y no falla, a los allegados al grupo y a los del grupo les gusta, menos al de la cara anormal, claro. Pero eso sí, contribuye con algún comentario gracioso con el que limpiar su imagen.  Fotos de tipo 3: Éstas son las más impersonales, son fotos de otras páginas que suelen responder a fotos denuncia o a imágenes especialmente bellas y/o impactantes. Esta categoría es la más habitual entre los pixelados, todos comparten alguna vez alguna de estas imágenes. Y hasta ahí sería correcto si no hubiese seres que padecen de un especial parkinson cuando ven estas fotos y las comparten todas, todas, hasta el punto en que cada vez que abría el Facebook la tarjeta gráfica de mi ordenador temblaba, por lo que tuve que ocultar sus notificaciones.

Para finalizar mi estudio escogí al grupo de seres que comparten noticias de actualidad, música y cine independiente, también conocido como raro, y reflexiones varias. Estos suelen ser muy cansinos para la mayoría de los pixelados. Mira que venir al Facebook a hacer pensar a la gente y a poner música que no conoce ni el Tito. Ya les vale. Estos suelen formar una subcultura que se retroalimenta mutuamente y que tampoco está exento de envidias endogrupales. De hecho, la mitad de los seres que hacen algún comentario han tenido que consultar la Wikipedia para saber de qué carajo se está hablando. Y aproximadamente un 80% de estos me gusta responden a un me gustaría haberlo publicado yo ¡joder! Pero como saben que están más que solos en este universo tan rancio, se siguen gustando pese a todo.

Hubiese seguido mi estudio hablando de aquellos que se permiten abogar por su privacidad en el Facebook cual dominguero que va en pleno agosto a la playa de Benidorm y se queja de que hay demasiados turistas, o de los que publican mensajes apocalípticos de esos que si no le das al me gusta a la lucha contra al cáncer un ligre saldrá de nuestra pantalla y nos comerá de un bocao nuestro dedo índice. Pero los cabrones de los americanos se dieron cuenta a tiempo del fraude de mi estudio y me cortaron el grifo. Y para trabajar sin cobrar (o cobrando menos), ya tengo bastante con la vida real.

Notas del autor: No he incluido al grupo de seres que enlazan sus blogs personales porque los americanos me vetaron este campo, ya que, por mi implicación, caía en un error de sesgo. Pero sólo diré una cosa, mucho cuidadito con estos…

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